“—¿Lo recuerdas? —me dice—. Aquí es donde me besaste. Así que la fuerte dosis de morfina administrada después de los latigazos no bastó para borrar eso de su conciencia. —Creía que no lo recordarías —respondo. —Tendría que estar muerto para no recordarlo. Y quizá ni siquiera entonces lo olvidaría. Quizá sea como ese hombre de El árbol del…